viernes, 5 de diciembre de 2025

F. Pradilla, La Rendición de Granada (1882), 8000 piezas

El siguiente puzzle es de una obra de gran magnitud del pintor español Francisco Padilla, probablemente la más alabada del autor, que fue tomada como referencia por otros pintores. El nombre completo de esta obra es La rendición de Granada, o entrega de llaves por Boabdil a los Reyes Católicos, como representación de la unidad española; punto de partida para los grandes hechos realizados por nuestros abuelos bajo aquellos gloriosos soberanos.

Esta obra de grandes dimensiones (330x550cm) representa el instante en el que, tras su derrota en la Guerra de Granada, el rey Boabdil entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, el 2 de enero de 1492.

Esta pintura es la joya más preciada de la colección artística que se guarda en el Palacio del Senado. El artista recibió el encargo del Senado para realizarla en 1878, tras el éxito de su cuadro Doña Juana la Loca (Museo del Prado). El lienzo iba destinado a la Sala de Conferencias del Palacio, que a lo largo de los años sería ornamentada con esculturas y pinturas de personajes históricos españoles, en un conjunto iconográfico destinado a exaltar la gloria nacional.

Pradilla empezó a pintar el cuadro en Granada, pero realizó la elaboración final y conclusión del cuadro en Roma. El propio autor la describe así:

Mi composición es un segmento de semicírculo, que el ejército cristiano forma desplegado, paralelo a la carretera. En la planta supongo que, en medio del semicírculo, están situados los caballeros, teniendo o guardando en medio a las damas de la Reina; ésta, el Rey y sus dos hijos mayores están situados delante y en el centro del radio, con los pajes y reyes de armas a los lados. El Rey Chico avanza por la carretera a caballo hasta la presencia de los Reyes, haciendo ademán de apearse y pronunciando la sabida frase. El Rey Fernando le contiene. Con Boabdil vienen a pie, según las capitulaciones, los caballeros de su casa. Supongo el diámetro del semicírculo algo oblicuo a la base del cuadro, y esta disposición permite, sin amaneramiento ni esfuerzo alguno, se presenten los tres Reyes al espectador como más visibles. A ello contribuyen también las respectivas notas de color: blanco-azul-verdastro, la Reina y su caballo; rojo, el Rey Fernando, y negro, el Rey Chico.
Habiendo cortado mi composición cerca de los Reyes, se presentan en el cuadro por orden respectivo: primero, un rey de armas, tamaño natural, figura voluminosa que a algunos parecerá excesiva a causa del sayal y dalmática que la cubren y de la vecindad del paje de la Reina, por comparación.
Sigue a este paje, que sujeta el caballo árabe (por ser de menor volumen) de la Reina, el cual es blanco, está piafando y da lugar al movimiento erguido de Isabel, que viste saya y brial de brocado verde gris forrados de armiño, manto real de brocado azul y otro con orlas de escudos y perlas; ciñendo la tradicional toca y la corona de plata dorada que se conserva en Granada. Sigue su hija mayor Isabel, viuda reciente del Rey de Portugal; viste de negro y monta una mula baya.
Después el Príncipe Don Juan, sobre caballo blanco y coronado de diadema. Como los hijos están entre los Reyes, sigue Don Fernando (siempre con la disminución perspectiva), cubierta su persona con manto veneciano (que usaba según diversos datos que poseo) de terciopelo púrpura contratallado, montando un potro andaluz, cubierto de paramentos de brocado. Su paje, que lleno de admiración, contempla al Rey Chico, tiene el caballo por las bridas falsas. Corresponde después el otro rey de armas, y detrás está, entre Torquemada y varios Prelados, el confesor de la Reina.
Volviendo al primer rey de armas, los caballeros que hay al margen del cuadro, son: el Conde de Tendilla, cubierto de hierro, montando un gran potro español; el gran Maestre de Santiago, sobre un potro negro; Gonzalo de Córdoba, que conversa con una de las damas; el de Medina Sidonia y otros caballeros de los que no conozco retratos. Detrás de Don Fernando, el Marqués de Cádiz y los pendones de Castilla y de los Reyes. He puesto los cipreses detrás de la Reina, para destacarla por claro en su masa sombría, y caracterizan también el país. Boabdil, al trote de su caballo negro árabe de pura sangre, ligeramente paramentado, avanza y sale de la carretera, inclinándose para saludar al Rey y entregarle las dos llaves que a prevención traía; el paje negro que guía su caballo, camina inclinado, confundido entre la grandeza de los Reyes cristianos, y en los caballeros moros, que, según el ceremonial, vienen a pie detrás del Rey Chico, he querido manifestar los diversos sentimientos de que se encontrarían poseídos en semejante trance, más o menos contenidos en la ceremonia, según el propio carácter. Trompeteros y timbaleros en el ala del ejército cristiano, que a lo lejos se divisa, entre Boabdil y el Rey Cristiano, comitiva de moros, un alero de la Mezquita, los chopos que indican el curso del Genil, que no se ve por correr profundo y en el fondo, la Antequeruela con sus muros, parte de Granada, las Torres Bermejas y de la Vela, que con parte de los Adarbes es lo único que se divisa de la Alhambra desde este punto.

Pradilla se documentó en la reproducción de objetos históricos (la corona y el cetro de la reina Católica son los de la Capilla Real de Granada; la espada del monarca nazarí es la del Museo del Ejército de Madrid, etc), y en los textos históricos que relataban el acontecimiento (en los que no se decía que la reina Isabel estuviera en el momento de la entrega de llaves, pero que se justificaba por el objeto de la obra). Se conocen varios estudios previos para la realización de la pintura, que demuestran el metódico esfuerzo del artista. Desde un punto de vista formal, la obra evidencia la habilidad técnica de Pradilla para reproducir las cualidades de las cosas: los ropajes, la naturaleza, los animales o los edificios, todo tiene la calidad sensorial que se le supone. Los rostros de la familia real aparecen todos de perfil y con un extraño rictus en sus labios.

El puzzle es un Educa de una edición antigua que había visto bastantes veces por wallapop, pero a un precio excesivo, ya que lo calificaban como "objeto para coleccionistas". Hasta que un día me metí y vi uno que estaba bien de precio. Cuando me llegó, venían las piezas numeradas por detrás, y en packs. No siento que realmente haya hecho un puzzle de 8000 piezas, ya que el hecho de que estuvieran
numeradas me ayudó mucho a dividir el trabajo, y saber si una pieza iba en un sitio o estaba en otra sección diferente. Se ha convirtió en un trabajo diferente al que acostumbro, pero igualmente gratificante. En cualquier caso, el puzzle nuevo viene en 4 bolsas de 2000 piezas cada una, tampoco hubiera sido hacer un 8000 para ser estrictos.

El resultado es magnífico, aunque la imagen recorta por los lados (sobre todo a la derecha) y la calidad de la imagen no es la misma que se consigue con los plotters de hoy día, la imagen en su conjunto es realmente bonita.